De la inmovilización del amor cortés a los desplazamientos en las nueve puertas de tu cuerpo

Actualizado: 13 ene 2021


De la inmovilización del amor cortés a los tránsitos y desplazamientos del amante errante: las nueve puertas de tu cuerpo



Existe un poema escrito por Apollinaire, nacido en 1880, y que configuran la serie de poemas dirigidos a su amada Madeleine, llamado “Les neuf portes de ton corps”. Me gusta este poema no solo por su embriaguez, fuente de inspiración de cualquier “je vais et je viens, entre tes reins”, sino porque precisa de ir señalando los vaivenes indispensables para la erotización de los cuerpos: los tránsitos y desplazamientos que el amante atraviesa en la búsqueda de ese objeto de deseo que siempre se escabulle, “el Eros es lo que no tiene descanso, es el propio deambular” nos dice Barthes.


Apollinaire en este escrito le señala a su amada cada una de las nueve puertas que se despliegan en su cuerpo, de las cuales él es el dueño, a él le pertenecen todas. Ese sentido de pertenencia es de otro orden que apostar por la seguridad de la accesibilidad y las certezas del saber, la erotización de Apollinaire parece jugarse en otro lado “En tu cuerpo hay nueve puertas, yo conozco siete y dos quedan cerradas para mi”. Porque precisamente se pone a jugar un no saber y lo inasequible, aparece el misterio por el que el amante apuesta su deseo de conquista “Tú más misteriosa aún que las demás, puerta de los sortilegios de los que no se osa hablar, tu también me perteneces”. Es la puerta de lo indecible el que abre paso al placer de la palabra que configura la confusión de los cuerpos.


Las nueve puertas coinciden con los agujeros del cuerpo, las zonas erógenas por las que se conserva la memoria de cada satisfacción en nuestra vida que se ha grabado, los ojos, la mirada, la voz, el olor, cada orificio del cuerpo abierto al contacto con la alteridad y que hacen de cada experiencia un reencuentro con la paradoja de lo que asoma como si fuese inédito. Lo que aparece en Apollinaire es un deseo decidido, es la puerta que se traspasa, como la palabra que se gasta, que se erosiona, que falla, que maldice o venera, pero que intenta poseer a su objeto, más que cortejarlo en la eterna espera y volverlo imposible.

Pensar el cuerpo como una morada en la que se revisten los pliegues más ominosos, conlleva el reconocimiento de un cuerpo que más que carne, carga con el peso de las palabras que nunca se cansan de estar de más o de estar de menos en el intento siempre infructuoso de nombrar lo que se siente, más que una morada, el cuerpo es el lugar de lo inasible.

En esa (no) morada , la erotización del cuerpo implica un discurso que lo posiciona del lado opuesto a toda armonía, haciendo circular la profusión del equívoco: más fallamos y más desfallecemos, cada emplazamiento no es más que la caída de nuestros velos. Lo que de súbito se nos aparece en el (des) encuentro amoroso es la agonía de las certezas que ahora entran en contradicción con las ilusiones que permitieron sostener algún encuentro posible con el otro.

El cuerpo erotizado da cuenta de la producción de diferencias entre los amantes e inaugura una relación sin lugar y sin voz, cuerpo atópico, cuerpo afónico, cuerpo descolocado. Citando a Anne Carson “en esta danza la gente no se mueve. Se mueve el deseo. Eros es un verbo”

Como verbo, no puede instrumentalizarse ni pedagogizarse, tampoco ser remitido a un manojo de llaves dispuestas a abrir las puertas de un cuerpo que jamás se formuló como un enigma. Recuerdo la carta en que Anais Nin, trabajando como escritora en páginas de ficción erótica para el consumo privado de un cliente anónimo, le reclamara al denominado “coleccionista” por obligarla a quitar de sus escritos toda poesía, evidenciando el gusto por un sexo cada vez más desinvestido de la palabra que precisamente le da movimiento y no lo detiene “ ¿Sabe cuánto pierde por tener ese periscopio en la punta de su sexo, cuando podría gozar de un harén de maravillas distintas y novedosas? (…) el sexo debe mezclarse con lágrimas, risas, palabras, promesas, escenas, velos, envidias, todos los componentes del miedo, viajes al extranjero, nuevos rostros, novelas, historia, sueños, fantasías, música, danza, opio, vino”

Porque si el erotismo se trata de desplazamientos, desvíos y equívocos, requiere de palabras dispuestas a errar más que a obligarse a decir con transparencia eso que sienten (bastante iluso por cierto). El amor cortés, aquel propio de los trovadores y poetas de la Edad Media, puede jugar a este bien decir porque es vacío, su lógica se fundamenta en contornear a esa mujer cuyas condiciones consisten precisamente en representar un vacío, desvistiéndola de todo carácter personalizado.


El trovador recita su canto a cualquiera sin verse enfrentado a la falla, porque precisamente se escapa de la amada, es un juglar que con las letras que compone y sus cantos no hace más que retrasar constantemente el momento en que la amada pueda quedar atrapada, quedando la satisfacción en la espera, como dice Lacan “el objeto, señaladamente aquí el objeto femenino, se introduce por la muy singular puerta de la privación, de la inaccesibilidad”. De lo que se trata es de la exaltación del canto por el que se eleva a la amada a la categoría de imposible, solo se ama en la medida que hay una barrera que la aisla. El placer no tiene que ver con la satisfacción sino que está desplazado en la espera. Porque este amor no transita, sino que espera, ofrece esperanzas y se paraliza.


Me gusta de Apollinaire que su texto más que esperanzador sea atrevido, y que muestre que más que buscar el momento propicio para amar, el amor se juega en su intromisión inoportuna y escandalosa, en su lugar de descentramiento, en su (mal) decir.



Las nueve puertas de tu cuerpo


Este poema es solo para ti Madeleine

Es uno de los primeros poemas de nuestro deseo

Es nuestro primer poema secreto oh tú a quien amo

Es suave el día y la guerra tan suave

¡Si fuese preciso morir!

¿Tú lo ignoras virgen mía? En tu cuerpo hay nueve puertas

Yo conozco siete y dos quedan cerradas para mí

He asaltado cuatro, he entrado, no esperes ya que salga

Porque he entrado en ti por tus estrellados ojos

Y por tus orejas con las Palabras que gobierno y que son mi

escolta


Ojo derecho de mi amor primera puerta de mi amor

Había bajado la cortina de su párpado

Tus pestañas colocadas delante como los soldados negros

pintados en un vaso griego

Párpado, pesada cortina de terciopelo

Que ocultaba tu mirada clara

Y pesada

Semejante a nuestro amor


Ojo izquierdo de mi amor segunda puerta de mi amor

Semejante a su amiga y casta y pesada de amor como él

Oh puerta que lleva a tu corazón mi imagen y mi sonrisa que

brilla

Como una estrella semejante a tus ojos que adoro

Doble puerta de tu mirada te adoro


Oreja derecha de mi amor tercera puerta

Tomándote llegué a abrir enteramente las dos primeras

puertas

Oreja puerta de mi voz que te ha persuadido

Te amo a ti que das un sentido a la Imagen gracias a la Idea


Y a ti también oreja izquierda que de las puertas de mi amor

eres la cuarta

Oh vosotras orejas de mi amor yo os bendigo

Puertas que os abristeis a mi voz

Como las rosas se abren a las caricias de la primavera

Por vosotras mi voz y mi orden

Penetran en todo el cuerpo de Madeleine

En él entro enteramente hombre y también enteramente

poema

Poema de su deseo que hace que yo también me ame


Ventana izquierda de tu nariz quinta puerta de mi amor y de

nuestros deseos

Por ella entraré en el cuerpo de mi amor

Entraré sutil con mi olor de hombre

El olor de mi deseo

El acre perfume viril que embriagará a Madeleine


Ventana derecha sexta puerta de mi amor y de nuestra pasión

Tú que sentirás como tu vecina el olor de mi placer

Y nuestro olor mezclado más intenso y más exquisito que una

primavera en flor

Doble puerta de las narices de mi amor te adoro a ti que

prometes tantos placeres sutiles

Tomados del arte de los vapores y las fragancias


Boca de Madeleine séptima puerta de mi amor

Te he visto oh puerta roja abismo de mi deseo

Y los soldados que ahí se encuentran muertos de amor me han

gritado que se rinden

Oh puerta roja y tierna


Oh Madeleine hay aún dos puertas

Que no conozco

Dos puertas de tu cuerpo

Misteriosas


Octava puerta de la gran belleza de mi amor

¡Oh ignorancia mía semejante a soldados ciegos entre los

caballos de Frisia bajo la luna líquida de Flandes en agonía!

O más bien como un explorador que muere de hambre de sed

y de amor en una selva virgen

Más sombría que el Erebo

Más sagrada que la de Dodona

Y que deja adivinar una fuente más fresca que la de Castalia

Pero mi amor encontraría allí un templo

Y tras haber ensangrentado el atrio donde vela el encantador monstruo de la inocencia

Descubriré y haré brotar allí el más ardiente géiser del mundo


Oh mi amor mi Madeleine

Ya soy el dueño de la octava puerta


Y tú novena puerta aún más misteriosa

Que te abres entre dos montañas de perlas

Tú más misteriosa aún que las demás

Puerta de los sortilegios de los que no se osa hablar

Tú también me perteneces

Suprema puerta

A mí que llevo

La llave suprema

De las nueve puertas


Oh puertas abríos a mi voz

Yo soy el dueño de la llave.



Traducción: Claire Deloupy


Les neuf portes de ton corps


Ce poème est pour toi seule Madeleine

Il est un des premiers poèmes de notre désir

Il est notre premier poème secret ô toi que j`aime

Le jour est doux et la guerre est si douce. S`il fallait en mourir !!

Tu l`ignores, ma vierge ? à ton corps sont neuf portes

J`en connais sept et deux me sont celées

J`en ai pris quatre, j`y suis entré n`espère plus que j`en sorte

Car je suis entré en toi par tes yeux étoilés

Et par tes oreilles avec les Paroles que je commande et qui sont mon escorte.

Oeil droit de mon amour première porte de mon amour

Elle avait baissé le rideau de sa paupière

Tes cils étaient rangés devant comme les soldats noirs peints sur un vase grec, paupière rideau lourd

De velours

Qui cachait ton regard clair

Et lourd

Pareil notre amour.

Oeil gauche de mon amour deuxième porte de mon amour

Pareille à son amie et chaste et lourde d`amour ainsi que lui

Ô porte qui mène à ton coeur mon image et mon sourire qui luit

Comme une étoile pareille à tes yeux que j`adore

Double porte de ton regard je t`adore

Oreille droite de mon amour troisième porte

C`est en te prenant que j`arrivai à ouvrir entièrement les deux premières portes

Oreille porte de ma voix qui t`a persuadée

Je t`aime toi qui donnes un sens à l`Image grâce à l`Idée

Et toi aussi oreille gauche toi qui des portes de mon amour est la quatrième

Ô vous, les oreilles de mon amour je vous bénis

Portes qui vous ouvrîtes à ma voix

Comme les roses s`ouvrent aux caresses du printemps

C`est par vous que ma voix et mon ordre

Pénètrent dans le corps entier de Madeleine

J`y entre homme tout entier et aussi tout entier poème

Poème de son désir qui fait que moi aussi je m`aime

Narine gauche de mon amour cinquième porte de mon amour et de nos désirs

J`entrerai par là dans le corps de mon amour

J`y entrerai subtil avec mon odeur d`homme

L`odeur de mon désir

L`âcre parfum viril qui enivrera Madeleine

Narine droite sixième porte de mon amour et de notre volupté

Toi qui sentiras comme ta voisine l`odeur de mon plaisir

Et notre odeur mêlée plus forte et plus exquise qu`un printemps en fleurs

Double porte des narines je t`adore toi qui promets tant de plaisirs subtils

Puisés dans l`art des fumées et des fumets.

Bouche de Madeleine septième porte de mon amour

Je vous ai vue, ô porte porte rouge, gouffre de mon désir

Et les soldats qui s`y tiennent morts d`amour m`ont crié qu`ils se rendent

Ô porte rouge et tendre

Ô Madeleine il est deux portes encore

Que je ne connais pas

Deux portes de ton corps

Mystérieuses

Huitième porte de la grande beauté de mon amour

Ô mon ignorance semblable à des soldats aveugles parmi les chevaux de frise sous la lune liquide des Flandres à l`agonie !

Ou plutôt comme un explorateur qui meurt de faim de soif et d`amour dans une forêt vierge

Plus sombre que l`Érèbe

Plus sacrée que celle de Dodone

Et qui devine une source plus fraîche que Castalie

Mais mon amour y trouverait un temple

Et après avoir ensanglanté le parvis sur qui veille le charmant monstre de l`innocence

J`y découvrirais et ferais jaillir le plus chaud geyser du monde

Ô mon amour, ma Madeleine

Je suis déjà le maître de la huitième porte

Et toi neuvième porte plus mystérieuse encore

Qui t`ouvres entre deux montagnes de perles

Toi plus mystérieuse encore que les autres

Porte des sortilèges dont on n`ose point parler

Tu m`appartiens aussi

Suprême porte

À moi qui porte

La clef suprême

Des neuf portes

Ô portes ouvrez-vous à ma voix

Je suis le Maître de la Clef





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