Preámbulo a un nuevo camino del cartógrafo: Eros y Thanatos

"Regálame un astrolabio y tradúceme cartas, mapas, estos flamencos papeles. Me voy de viaje. No sé cuando. Parto de muerte..."

Gonzalo Millán, Veneno de escorpión azul,

Diario de Vida y de Muerte.2007




Con el fotopoema El agua color piel, se inaugura un nuevo camino del cartógrafo: Erotismo y su relación con la Muerte. 

Bataille decía que el espíritu humano está expuesto a los requerimientos más sorprendentes. Constantemente se da miedo a sí mismo. Sus movimientos eróticos le aterrorizan. La santa, llena de pavor, aparta la vida del voluptuoso: ignora la unidad que existe entre las pasiones inconfesables de éste y las suyas.

¿Cómo mirar de frente lo que nos espanta?

Podemos decir del erotismo que es la aprobación de la vida hasta la muerte. Lo más violento para nosotros es la muerte; la cual, precisamente, nos arranca de la obstinación que tenemos por ver durar al ser discontinuo que somos (Bataille, 2000, p. 21)

Inauguramos esta errancia con el deseo de mirar de frente lo que nos espanta. Poder cartografiar algunas preguntas y reflexiones en torno a la transgresión del pensamiento, la génesis de la aparición de la conciencia de muerte y el  erotismo. Divagaremos entre Kieslowski y Bleu, la primera de su trilogía. La relación de la piel, erotismo y dolor. De la fragmentación a la afirmación de sí. El agua y su relación con la piel. Los baños de tina de Marat. El agua y  la clausura de los sentidos. 

Partimos del supuesto que antes de que hubiesen palabras, la corporalidad estaba presente. No es posible pensar un yo psíquico, el sentido de sí mismo y del afuera, sino asentándose en el yo corporal y sensorial primitivo, la piel que en su inicio fue prolongación de la madre. 

Esta divagación va dedicada a todas aquellas muertes con las que muchos hemos tenido que lidiar para hacer algo con eso, construir algún sentido aunque sea efímero. Porque al igual que el erotismo, la experiencia de finitud es única, es el si mismo enfrentado a la transcripción de un dolor que es innombrable, es el doblez y los pliegues del movimiento de Pathos.


A la nostalgia y a la saudade...porque este nuevo camino está inspirado en ustedes y en mi, y al mismo tiempo no hay compatibilidad entre sus dolores y el mío, algo parecido ocurre con el erotismo de los cuerpos.

Porque la ausencia deviene signo y con ello presencia ausente:

En un anillo de matrimonio de un esposo que siempre recordará a la mujer que ya no está y con la cual dio forma a todos los sueños que hoy vive despierto, aunque su mano abrace el cuerpo de nuevos amores. 

En una carta de una madre que entregó a su hija de 15 años, dos años antes de ser diagnosticada y morir de cáncer, y que por más de veinte años ésta aún la sigue transportando diariamente a todas partes, para recordarse que antes de ser madre siempre será hija.

Una hermana que tempranamente se fue y que siempre se encuentra en el agua, el viento y el bosque.

Una madre que se ha ido en este invierno y que su hija intenta recuperarla por medio de la escritura, porque después del invierno adviene la primavera…

Una abuela que partió y dejó el sentimiento de culpa y las contradicciones en una pequeña nieta que nunca logró perdonarla ni vengarse, encarnando en su cuerpo la metáfora de Prometeo encadenado.

Una ecografía congelada en el tiempo, como si fuese siempre el encuentro con una espera eterna…porque el duelo también es duelo de los sueños esperados.


Un reencuentro en un café que no llegó, y dejó todas las conversaciones a medias, esas preguntas sobre Barthes y Carver que ya no podremos descifrar juntos... pues te fuiste sin avisar una madrugada de un nueve de junio de 2020.

Por mi inevitable miedo de que alguna vez esa voz que me ha saludado toda mi vida desde que nací, se vuelva inaudible... se vuelva impronunciable... se vuelva un prolongado silencio.

El corazón se desgarra con cada separación. El amor, el Eros es la posibilidad de hacer duelo con el objeto amado y por lo tanto de sufrir para luego volver a amar. “Toda la literatura novelesca trata de los sufrimientos vinculados con el amor, la pérdida , los celos, lo imposible, la culpa, amantes condenados a la errancia, la locura y la renuncia”…

Dedicada también a la piel y sus padecimientos.

Esa misma piel que es un órgano central en el encuentro erótico con el otro: arde, duele, vibra, suda, huele. Porque como dijo  Paul Valéry "No hay nada más profundo que la piel".

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