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MILLE ET TRE Paul Verlaine



Mis amantes no pertenecen a las clases ricas,

son obreros de barrio o peones de campo;

nada afectados, sus quince o sus veinte años

traslucen a menudo fuerza brutal y tosquedad.


Me gusta verlos en ropa de trabajo, delantal o camisa.

No huelen a rosas, pero florecen de salud

pura y simple. Torpes de movimientos, caminan sin embargo

de prisa, con juvenil y grave elasticidad.


Sus ojos francos y astutos crepitan de malicia

cordial, y frases ingenuamente pícaras,

a veces sazonadas de palabrotas, salen

de sus bocas dispuestas a los sólidos besos.


Sus sexos vigorosos y sus nalgas joviales

regocijan la noche y mi verga y mi culo,

a la tenue luz del alba sus cuerpos resucitan

mi cansado deseo, jamás vencido.


Muslos, alma, manos, todo mi ser entremezclado,

memoria, pies, corazón, espalda y las orejas,

y la nariz y las entrañas, todo me aturde y gira:

confusa algarabía entre sus brazos apasionados.


Un ritornelo, una algarabía, loco y loca,

más bien divino que infernal, más infernal

que divino para mi perdición, y allí nado y vuelo

en sus sudores y sus alientos como en un baile.


Mis dos Carlos; el uno, joven tigre de ojos de gata,

suerte de monaguillo que al crecer se embrutece.

El otro, galán recio con cara de enojado, me asusta

sólo cuando me precipita hacia su dardo.


Odilón, casi un niño y armado como un hombre,

sus pies aman los míos enamorados de sus dedos

mucho más, aunque no tanto del resto suyo

vivamente adorable... pero sus pies sin parangón,


frescura satinada, tiernas falanges, suavidad

acariciadora bajo las plantas, alrededor de los tobillos

y sobre la curvatura del empeine venoso, y esos besos

extraños y tan dulces: ¡cuatro pies y una sola alma, lo aseguro!


Armando, todavía proverbial por su pija,

él solo mi monarca triunfal, mi dios supremo

estremeciéndose el corazón con sus claras pupilas

y todo mi culo con su pavoroso barreno.


Pablo, un rubio atleta de pectorales poderosos,

pecho blanco y duras tetillas tan chupadas

como lo de abajo; Francisco, liviano cual gavilla,

piernas de bailarín y buen florín también.


Augusto, que se vuelve cada día más macho

(era bastante chico cuando empezó lo nuestro),

Julio, con su belleza pálida de puta,

Enrique que me cae perfecto y que pronto, ¡ay! se incorpora al ejército.


Vosotros todos, en fila o en bandada,

o solos, sois la diáfana imagen de mis días pasados,

pasiones del presente y futuro en plenitud erguido:

incontables amantes ¡nunca sois demasiados!



Mille et tre

Paul Verlaine (1844-1896)


Mes amants n'appartiennent pas aux classes riches :

Ce sont des ouvriers faubouriens ou ruraux,

Leurs quinze, leurs vingt ans sans apprêts sont mal chiches

De force assez brutale et de procédés gros.


Je les goûte en habits de travail, cotte et veste ;

Cuisses, âmes, mains, tout mon être pêle-mêle,

Mémoire, pieds, coeur, dos et l'oreille et le nez

Et la fressure, tout, gueule une ritournelle,


Et trépigne un chahut dans leurs bras forcenés.

Un chahut, une ritournelle, fol et folle,

Et plutôt divins qu'infernals, plus infernals

Que divins, à m'y perdre, et j'y nage et j'y vole,


Dans leur sueur et leur haleine, dans ces bals

Mes deux Charles: l'un, jeune tigre aux yeux de chatte,

Sorte d'enfant de choeur grandissant en soudard ;

L'autre, fier gaillard, bel effronté que n'épate


Que ma pente vertigineuse vers son dard.

Odilon, un gamin, mais monté comme un homme,

Ses pieds aiment les miens épris de ses orteils

Mieux encor, mais pas plus que de son reste en somme


Adorable drûment, mais ses pieds sans pareils !

Caresseurs, satin frais, délicates phalanges

Sous les plantes, autour des chevilles et sur

La cambrure veineuse et ces baisers étranges


Si doux, de quatre pieds ayant une âme, sûr !

Antoine, encor proverbial quant à la queue,

Lui, mon roi triomphal et mon suprême Dieu,

Taraudant tout mon coeur de sa prunelle bleue,


Et tout mon cul de son épouvantable épieu ;

Paul, un athlète blond aux pectoraux superbes,

Poitrine blanche aux durs boutons sucés ainsi

Que le bon bout. Francois. souple comme des gerbes :


ses jambes de danseur, et beau, son chibre aussi !

Auguste qui se fait de jour en jour plus mâle

(Il était bien joli quand ça nous arriva) ;

Jules, un peu putain avec sa beauté pâle ;

Henri, miraculeux conscrit qui, las ! s'en va ;


Et vous tous, à la file ou confondus, en bande

Ou seuls, vision si nette des jours passés,

Passions du présent, futur qui croît et bande,

Chéris sans nombre qui n'êtes jamais assez !

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